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El relato del drama de uno de los argentinos presos en Brasil

Tomás Fernández es uno de los siete jugadores de Los Cedros que fueron a la cárcel en Brasil tras participar de una pelea. El ya recuperó el celular, su ropa limpia y la sonrisa. La libertad. Habla por teléfono con Olé desde un hotel en Río de Janeiro. Es de noche. Casi todo el día mantuvo reuniones con el abogado que representa a cuatro de los rugbiers, los que estuvieron 15 días encerrados en un penal de máxima seguridad. Los otros tres, que tampoco pueden volver al país, cuentan con otro. Así es mejor, evaluaron.

El proceso continúa. Y pueden pasar tres cosas. 1) Seguirlo en Brasil. 2) Que los dejen viajar a la Argentina y deban regresar cuando se los cite. 3) Lo que les da pánico: volver a la cárcel. Así pinta el futuro sin tiempos establecidos, serán los que determine la Justicia. Afortunadamente, un pasado de terror va quedando en el olvido. Este que Tomás detalla para Olé .

El jueves 10, parte del plantel que estaba de gira por Brasil fue a un bar y se produjo una pelea. No está muy claro. “Un tres contra tres”, cuenta Tomás, quien dice que los brasileños provocaron. Empujón va, empujón viene, y un policía local (de civil), termina con la mandíbula fracturada. Todos adentro (ningún brasileño). “Si eras argentino y pasabas por ahí, te detenían”, afirma el rugbier.

“Hubo una pelea, sí. Somos responsables, sí. Pero no como dijo la fiscalía, no fue siete contra uno. Tenemos un video que lo muestra. En cinco horas nos armaron un caso y nos imputaron por lesiones graves”, informa Tomás.

Los argentinos pasaron 18 horas en una comisaría y luego los trasladaron al penal de Bangú. El jugador comienza el relato: “La cárcel tenía diez pabellones, nosotros estábamos en el décimo, los cuatro en una celda de tres por tres, recontraincomodos. Preferíamos eso a estar separados; por suerte no nos transfirieron a otros pabellones peligrosos. Teníamos una letrina y una bacha híper sucia; no hay nadie que limpie, limpia el preso. Sólo te dan agua cuatro veces al día, y tenés que elegir si la usás para lavarte los dientes, tomarla o usarla para el inodoro. Estábamos encerrados entre cuatro paredes, con una ventanita en la parte de arriba; las luces estaban prendidas las 24 horas. El calor era infernal. No sabías qué hora era, si era de día o de noche. Por lo menos nos sentíamos seguros; no nos mezclaban con los otros presos”.

Sigue Tomás: “Dormíamos sobre cuatro colchones de goma espuma, como podíamos. Dos veces al día nos daban comida, era carne o pollo con arroz y feijoada. Al principio no comíamos nada, era horrible, pero llega un día en el que tenés tanto hambre que comés”.

-¿Salían de vez en cuando a tomar aire?

-No. El concepto de Bangú es que nadie sale del calabozo.

-¿Cómo los trataron? ¿Les pegaron?

-Nos llegó que a los guardias les dijeron que éramos peligrosos y grandotes, y por eso el trato era duro, pero nunca nos pegaron. Después, cuando se iban dando cuenta de cómo éramos, hasta nos preguntaban qué había pasado. Y nos decían que nosotros no teníamos que estar ahí. En los últimos días, después de que nos visitaba el abogado, nos dejaban estar media hora en un patio.

-¿Qué pasaba por tu cabeza ahí dentro?

-Todo los días rezaba porque nos dejaran salir. Pero sabíamos que podíamos estar dos meses adentro; quizá hoy no estaba hablando con vos. Eramos conscientes de que había gente que hacía lo imposible por nosotros, pero la decisión pasaba por un juez. Fue muy bueno estar los cuatro juntos, porque cuando uno caía, los otros lo ayudaban. Por el estrés, la cabeza nos estaba por explotar. En la cárcel el tiempo es algo que te juega una mala pasada.

-Hoy, ¿qué podés decir de todo eso?

-Que fueron 15 días durísimos.

Tomás, Hernán González y Adrián de Donato salieron el viernes último. Igual que Ignacio Iturraspe, Matías Tapia y Fermín Ibarra, quienes fueron encarcelados el día anterior cuando, mediante un hábeas corpus, estaban en el avión para volver a la Argentina. El último en recuperar la libertad, el sábado, fue Patricio Velázquez, porque en el certificado de excarcelación habían anotado mal su apellido. Tienen prohibido salir de Brasil.

Hoy, los siete jugadores están en libertad. Costosa, porque tienen que pagar alojamiento, comida, movilidad, peritos. El club junta plata, las familias también. Mientras tanto, confían en el cónsul, los abogados y su versión. “Estamos dispuestos a afrontar el proceso con la mejor voluntad, no nos vamos a fugar”, promete Tomás.

La buena predisposición es clave. No quieren dejar nada librado a interpretaciones. “Nos da terror volver a la cárcel”, aclara el rugby, con esperanza de, más temprano que tarde, poder enterrar aquellos espantosos 15 días allá lejos, en el penal de Bangú.


Nota: Diario Olé
Autor: Sergio Stuart

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