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Vistando a "Los Espartanos"

El despertador sonó a las 8, tarde para un día laboral, temprano para un Viernes Santo. Un poco cansado por el trajín de la semana me levanté a las puteadas (no te voy a mentir) pero sabiendo que lo que me esperaba en unas horas podía estar bueno, mucho más un Viernes Santo. Me crucé un “buen día” con el viejo quién había prendido la cafetera para hacer café pero el café había salido demasiado transparente: “Viejo, la próxima tratá de ponerle café a la cafetera”. Asumiendo su error, sonrió.

Con el café en la cafetera me fui a pegar un baño, ideal para acomodar las ideas, despertar el cuerpo y tomar conciencia de lo que se venía. A los 20 minutos, ya cambiados, peinados y con café adentro, salimos rumbo al anexo del SIC, lugar donde hicimos base con otros 7 autos más. Ahí estaban unos flacos que hace tiempo intentan hacer algo distinto todos los viernes a la mañana. Estaban parados, charlando en ronda como si fueran adolescentes, con cara alegre y sonriente, recibiendo a cada uno que llegaba con un cálido abrazo y una sonrisa sincera (no escatiman en darlas, es increíble).

Ya estábamos todos (de ahora en más voy a hablar en plural porque fue la segunda vez que fui y me tomo el atrevimiento de “sentirme parte” aunque sea en esta nota), hicimos la división de autos para optimizar recursos y partimos. El destino era la cárcel de San Martín, ubicada a mano derecha del Buen Ayre, sentido Bella Vista.

Paréntesis. Este grupo de flacos que intentan hacer algo distinto todos los viernes a la mañana van a la cárcel a rezar el Rosario con el pabellón 48. Además de ir los viernes también van los martes a la mañana a entrenar. ¿Entrenar a una cárcel? El pabellón 8 es más conocido como el pabellón de “Los Espartanos”, un equipo de rugby que surgió de la mano de estos mismos flacos hace ya varios años. Su misión es entrenarlos, transmitirles los valores de este deporte a cada uno de ellos y juntarse a rezar.

Llegamos al destino. Nos abrieron la primer barrera que se levantó con un “Vamos al pabellón 48”, en la segunda nos volvieron a interrogar, nos volvieron a abrir y estacionamos los autos para ir caminando a la entrada del pabellón. Después de pasar algunos requisitos de seguridad de la cárcel, llegamos a la puerta en la que habitan “Los Espartanos”. Algunos están ahí hace más de 7 años, algunos hace algunos pocos meses, pero todos están con la misma alegría de volver a vernos. Acá sí que no faltan sonrisas, ni abrazos, ni palabras de amor… Lo que se vive una vez que se pasa esa puerta es increíble y mucho más, un Viernes Santo.

Dejamos las cosas del desayuno en la mesa del patio, perfectamente preparada, rodeada de bancos y el ambiente tenia la cálida luz matinal que sólo sabe dar el sol, lograda también por una media sombra verde atada con alambres a las paredes del patio. La protagonista de la escena era una imagen ubicada en el extremo derecho de la mesa, rodeada de rosarios, fotos e intenciones. Era la Virgen María, a quién poco a poco nos fuimos acercando para rezarle uno de los más increíbles rosarios que recé en mi vida.

Ya cada uno en su lugar, fuimos dirigiendo las miradas a uno de los integrantes de este grupo de flacos que comenzaba a dirigir la orquesta, custodiado por la imagen de la Virgen. Con emocionantes palabras dio lugar al primer misterio, que siempre es dirigido por una de las unidades (uno de los presos). Y ese es el momento en que se transforma un patio de una cárcel en un pedazo de cielo, porque las intenciones son estremecedoras, humildes, sencillas y ahí, de a poco, empieza a “pasar algo”. Porque una unidad “agradece por un día más de vida” ¿alguno de nosotros agradece al cielo por un día más de vida? Yo por lo menos no, pero ahí se vive minuto a minuto, segundo a segundo y la intensidad de vivir ahí adentro lleva a lo más sencillo, agradecer por un día más de vida. Otra unidad, de unos 26 años aprox., agrace y pide “Al Señor” por sus hijos, por su mujer y porque le falta poco para recuperar la libertad, pide para que no vuelva a caer con la misma piedra, pide para que esta transformación que vivió gracias a “Los Espartanos” y a este grupo de flacos, la pueda llevar adelante “allá afuera” en la calle. Dejó en claro una frase que le había dicho su madre: “un fruto no cae del árbol hasta que está maduro” y el entendió que estaba dispuesto a caer de la copa más alta porque había logrado el punto ideal de maduración, después de atravesar 7 dolorosos años de cosechas fallidas.

Otra unidad pidió por el alma de su abuelo, que había fallecido el día anterior y a quién hace tiempo no veía.

El tercer misterio lo rezó una de los presos al que lo noté algo incómodo, nervioso e inquieto. Tenía algo fuerte para decir. Cuando se paró, tomó uno de los rosarios y custodiado por la imagen de la Virgen, pidió por algunas intenciones: agradeció por“un día más de vida”, por “Los Espartanos”, por su padre, por el Papa Francisco y por algo especial, muy especial: “Hoy quiero pedir por algo que nunca en mi vida tuve el valor para pedir al Señor”, con la voz quebrada de dolor, soltó entre lágrimas un desconsolado: “por mi madre que me abandonó cuando nací y nunca me animé a pedirle al Señor por ella”.

Qué valor ¿no? Qué fortaleza. Qué herida tan grande se animó a sanar, justo un Viernes Santo. Este tipo de cosas pasan en el “cielo”, en donde se curan heridas que llevan largo tiempo adentro de cada unidad, en ese “pedacito de cielo” se comparten dolores y golpes de la vida que estuvieron años “martillando” la mente de cada preso. Qué necesitados están, qué necesitados estamos, qué poco nos gusta demostrar que estamos necesitados. 

Hace tiempo que “Los Espartanos” rezan por un chico de 29 años que tiene cáncer, cuya foto esta custodiada por la Virgen, al extremo derecho de la mesa. El padre de ese chico se encontraba en ese patio, precisamente un Viernes Santo, sin que las unidades (ni varios de nosotros) lo sepan. En el 4º misterio se armó de valor, se paró enfrente de todos y lo quiso dirigir. Fue la primera vez que alguien que no era preso dirigió un misterio y fueron 25 minutos realmente increíbles, porque ahí, parado y custodiado por la Virgen, estaba agradeciendo a “Los Espartanos” por sus rezos y por las cosas buenas que habían empezado a suceder desde que ellos habían decidido rezar por su hijo.

¿Qué hacía un padre de un hijo enfermo de cáncer terminal en la cárcel agradeciéndole a un grupo de presos? Ese tipo de cosas pasan en el “cielo”. Inexplicables por cierto.

Ese misterio lo rezamos abrazados, con lágrimas en los ojos, con la briza del viento en la cara, todos al mismo tiempo, en voz alta, diciendo “Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo…”. Lindísimo, emocionante y fuertísimo para todos.

Antes de que empiece el quinto misterio, una de las unidades le dedicó unas palabras de aliento al padre del hijo enfermo, palabras llenas de amor y también realistas, poniendo una verdad sobre la mesa, diciendo:“estamos acá por algo, pagando por los errores del pasado, pero estamos creciendo, haciendo un esfuerzo por cambiar y pidiendo por la salud de su hijo y le aseguro que su hijo se va a recuperar y va a venir a rezar el rosario acá con nosotros…”. Uno de adentro animando a uno de afuera. Ese tipo de cosas pasan en el “cielo”.

Otra de las unidades agradeció por ser uno de los nuevos jugadores de “Los Espartanos” y agradeció también a este grupo de flacos que intentan hacer algo distinto todos los viernes a la mañana, porque el nunca se había rodeado de gente buena, durante toda su vida su entorno había sido malo y ahora tenia la oportunidad de conocer gente buena, que le hacia bien y que le daba una razón para cambiar…

Uno de los integrantes de este grupo de flacos agradeció por el momento que habíamos pasado, por el rosario tan lindo que habíamos rezado y porque podía estar compartiendo todo eso con su mujer y sus dos hijas (testigos de una mañana única). También quiso dejar en claro que el cielo era eso y que lo que había vivido esa mañana no lo había vivido ni en la propia Iglesia. Fue el pionero en decir “esto es un pedazo de cielo, yo esta mañana estuve en el cielo.”

Terminamos el rosario y en la cocina del Pabellón un grupo de flacos se ocupó de reproducir un video para los presos y también para nosotros… Terminó el video, nuestra jornada de visita y una mañana distinta…

En esas 3/4 horas en las que el patio de la cárcel se transforma en un pedazo de cielo, todos los que estamos ahí desnudamos el alma de tal manera que termina pasando algo único, eterno e irrepetible… Jesús estuvo sentado en un rincón, toda la mañana, tomando mates y sonriendo. Precisamente un Viernes Santo, día en el que murió en la cruz por toda la humanidad y también por los que le estamos rezando, implorando y agradeciendo abrazados en el otro rincón del patio.

En fin, difícil de pasar a palabras este tipo de experiencias tan fuertes… Muy difícil, de hecho creo que es imposible… Por eso seguramente estés leyendo esto como si estuvieras leyendo el resumen de un partido de fútbol, o una nota en el sector “Policiales” de La Nación, pero para que todas estas palabras se vuelvan realidad, se transformen en una experiencia de vida y tengan sentido, necesitas vivirlo.

Por eso te invito.

Te invito a que hagas algo distinto un viernes a la mañana y después saques tus propias conclusiones…

Ojalá vengas.

Escrito por Federico Gallardo
https://gallardof.wordpress.com

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