Menu

Un sábado cualquiera..y el mejor partido de la historia

Cual fue el mejor partido de la historia? Para muchos el que jugaron los All Blacks y Wallabies en el 2000 (Click ACA para ver nuestra lista completa de donde elegir). Repasamos aquel glorioso momento que sucedio un 15 de julio hace 14 años, de la mano de la gran pluma de Bruno Lopez.

Un sabado cualquiera..y el mejor partido de la historia (por Bruno Lopez)

El lugar es Sidney, Australia. El día, sábado. Un sábado cualquiera. Un 15 de julio de 2000. Un sábado cualquiera en el que nada más y nada menos que 109.874 personas se juntaron en el Stadium Australia para presenciar un partido del Tri Nations que disputarían Australia y Nueva Zelanda. ¿En algún momento se imaginaron que iban a presenciar el mejor partido de la historia de este deporte? Seguramente no, a ciencia cierta, pero cuando uno compra una entrada para un partido de rugby -abajo del todo tienes el vídeo con el resumen del mismo-,compra la ilusión de que así sea, la esperanza de que en los 80 minutos que tiene por delante ocurra algo mágico. Y en ocasiones, ocurre.

Pregunten las alineaciones. Los nombres los rescato del 'Salón de la Fama' de este deporte. O de las paredes de nuestras habitaciones. O de los fondos de pantalla de nuestros ordenadores. O de la retina de aquellos que los vieron jugar en directo. Los 'Wallabies' salían con un equipo campeón del mundo, quizás el mejor que hayan tenido nunca: Chris Latham en el zaguero, Stirling Mortlock y Daniel Herbert en los centros, Roff y Little en las alas, y en el 9 y el 10… esa pareja hecha por capricho de los dioses para entretener a los mortales. Esa pareja Brumbie, esa pareja de líderes, el orgullo del país: George Greagan y Stephen Larkham. La primera la formaban Harry, Foley y Dyson, la segunda Giffin y el capitán, capitán con letras doradas, capitán con dos copas del mundo en su vitrina, el mejor capitán en la historia del rugby 'wallaby': John Eales. Completaban el quince Connors, Wilson y Williams en la tercera línea.

¿Y los 'All Blacks'? Un quince que sale casi de memoria. Cullen atrás, Umaga y Ieremia en los centros, Marshall y Merhtens en la pareja de medios, en un ala Pita Alatini y en la otra… en la otra un jugador de dibujos animados, de videojuego, un hombre tocado por la espada del dios Marte, para sembrar el pánico en las defensas rivales: Jonah Lomu. Además, estaban Hoeft, Oliver y Meeuws en la primera, Blackadder con la (C) y Maxwell en la segunda, Randell, Robertson y Cribb en la tercera. Y con estos treinta hombres en el campo André Watson hizo sonar su silbato, ajeno también, a que era un pitido para la historia.

Furia de titanes. Así se llamaron los cinco primeros minutos de aquel partido. 1:24, Tana Umaga intercepta el óvalo en la diez 'wallaby': 0-7. 3:00, una jugada de la línea negra acaba en una bestia enorme que corre por el ala y que cede para que Ieremia cruce por segunda vez la línea de marca: 0-14. 4:50, deliciosa cruz de la tres cuartos 'all blacks', entendimiento como sólo los centros tienen dentro del campo y un '15' negro que cruza por tercera vez: 0-21. Súmenle un golpe, 0-24. Ya está, se acabó. ¿O no?

El despertar. ¿Qué se dice cuando en menos de diez minutos pierdes 24 a 0? ¿O no se dice nada? ¿Qué palabras pronunció Eales? Quizás, no dijo nada. Quizás dirigió la mirada a las 100.000 personas que contemplaban en las gradas como su equipo estaba siendo aplastado. Quizás bastó con un apretón de mandíbula, un gesto y una orden dentro del corro. Un acuerdo tácito entre todos los que se encontraban bajo palos.

Avanza Australia, como reza su himno. Y así, comienza una respuesta tan violenta como lo había sido la bofetada de los 'All Blacks'. 8:56, Greagan abre la bola y la recibe un '10' con casco, que bien podía jugar en traje. Sus ojos miran en una dirección, sus brazos anuncian un pase que nunca se produce, y sus piernas ya han roto la defensa negra que ha caído en el engaño. Pase final a Mortlock que posa: 7-24. 18:48, saque de lateral que ganan los 'canguros', Greagan que se la cuelga a la bestia Williams que no duda en enfrentarse a todos los hombres que salen de la 'touche'. Se cae a centímetros, a pulgadas. Greagan abre rápido a un Mortlock que pasa como una exhalación: 14-24. No hay respiro. El público a estas alturas tiene los ojos como platos y la boca abierta. 27:00, la carga amarilla es asfixiante, incesable y la marea negra retrocede una y otra vez. A cinco metros, enfrente de palos Greagan abre la bola a un Latham que llega en un ángulo exquisito, imparable: 19-24. 31:00, otra vez Australia sitia a Nueva Zelanda al borde del precipicio. El pequeño gran hombre abre para Roff que a un metro se tira y consigue anotar: 24-24. Cuando Watson vuelve a soplar su silbato, obligado quizás no sólo por los cuarenta minutos que han pasado, sino por la necesidad de que el público tome aire.

La segunda parte comienza con un juramento que ya han entendido los dos equipos. Que por cada golpe que reciban, van a dar otro, que a cada ataque, responderán con el suyo propio, que cada vez que se caigan, se van a levantar y que hasta que Watson pite el final, no habrá vencedor ni vencido. Es un pacto entre dos 'manadas de lobos' que se prometen la una a la otra morir en el campo. Australia golpea primero, 27-24. El rubio Marshall devuelve el golpe, con una carrera veloz y una cintura que hace malabares. 27-31. Aquí el partido se llenó de placajes y carreras, de choques de trenes. Se sigue cumpliendo el juramento. Australia suma, 30-31. Nueva Zelanda responde, 30-34. Y llegamos al minuto 37.

¿Cómo tiene que ser el final del mejor partido de la historia? El listón estaba alto, muy alto. Y el óvalo se encuentra en las manos de un George Greagan que lo rescataba de un 'ruck', en la cinco 'all black'. El rugido de la multitud aumenta, algo grande se deja sentir... empuja Australia. Greagan la abre, el balón pasa por las manos de Larkham y continúa su camino, los 'kiwis' frenan la embestida. Greagan ojea el horizonte y atisba superioridad por el cerrado, transmite, ¡hay número! Y Australia anota bajo el grito enloquecido de un Stadium Australia que se viene abajo.

¡Bendita locura! 35-34, final de un partido épico. El marcador ya está en rojo. Se acaba el mejor partido de la historia… un momento, ¿Se acaba? ¡No! Hace ya tres minutos que el marcador está en rojo, pero los 'All Blacks' no tienen la intención de irse sin agotar hasta el último cartucho. Metro a metro avanzan jugando con el miedo de los 'Wallabies' a cometer un golpe de castigo. Metro a metro se colocan en campo amarillo, metro a metro se acercan a la 22. Y así, con un pase de Randall por arriba, un 'off load' de baloncesto, se desencadena la furia de la 'bestia negra' que no tiene problemas para deshacerse de un flojo intento de placaje de Larkham. Y aunque el contacto del óvalo con la línea de marca es suave, el golpe se deja sentir en todo el estadio como un tremendo puñetazo en la barriga. Ahora sí... 35-39. Final.

Es probable que por la tele siguieran el partido dos muchachos de 12 años. Uno nacido en Waikato, Nueva Zelanda. Otro, nacido en Papua Nueva Guinea. Ambos por aquel entonces jugaban aún en la escuela. Uno soñaba con ser apertura, el otro medio melé. Seguro, que por aquel entonces esos dos chicos alucinaban con aquella sociedad Greagan-Larkham. Aquel entendimiento, esa complicidad, ese liderazgo. Aún no sabían que 12 años después, ellos llevarían ese '9' y ese '10'. El pequeño Quade Cooper y el pequeño Will Genia sólo soñaban con emular a los gigantes. Pero ya se sabe, en Rugby, todo puede pasar.... un sábado cualquiera.


 
volver arriba